domingo, 25 de junio de 2017

Tuve que llorar. Lloré por todas las historias que no serán las mías. Por las veces en las que perdí el camino, como ahora y todo lo que quedó es simplemente vacío. Lloré porque intentar ser fuerte todo el tiempo duele, y a veces te derrumba. Lloré porque no siempre todos los sueños se cumplen, por más fuerte que se desee. Porque a veces la única forma de lograr llorar es con historias ajenas. Lloré porque perdí un poco la fe en la humanidad, porque me siento en el lugar equivocado. Por las cosas que no sé manejar y por los pequeños fracasos. Por no tener ganas o energía y no poder poner la cabeza donde debo ponerla. Lloré porque la música ya no me dice nada, porque nada refleja lo que siento, o si lo hace, pero no quiero sentirme tan vacía. Lloré porque esto no se lo contaré a nadie, una vez más. Porque las penas se pelean sola, porque nadie puede ayudarme. O sí, pero decido no pedir ayuda. Y algún día dejaré de llorar, porque todo mejorará, o no, pero dejaré de llorar.

jueves, 1 de junio de 2017

¿Por qué vivimos en un mundo tan horrible?
Es gracioso, siempre vengo cuando algo duele. Los últimos meses fueron fabulosos, de esos en los que todos los días volvés feliz, agradeciendo cada instante de tu día, cada pequeña cosa que te pasó. Desde hace un mes estoy perdida. Muchos cambios, cosas a las que estabas acostumbrado y con las que ahora ya no podés vivir. Tu mente divaga, siempre está en cualquier lugar, menos en el aquí y ahora. Estás rodeada de gente hermosa, que está feliz de volverte a ver luego de una larga ausencia, pero vos no estás acá, vos no volviste, o sí, pero estás como ausente. En realidad estás más presente y conciente que nunca, y eso duele. La realidad duele. Duele mirar y ver segundo a segundo todo complicarse, oscurecerse. En cada instante a todo de lo que te vas a aferrar le salen espinas. Y es acá y es allá, es cerca y es lejos, en todos lados. Ya no pertenecés a ningún lugar, y pertenecés un poco a todos. Estar de vuelta sin estar de vuelta duele. ¿Dónde estoy?¿A dónde me quedé? Los sentidos están ausentes. No ves, no percibís y no podés poner tu mente acá, donde está tu cuerpo. Y te estancás, flotás en el tiempo, avanzando hacia el futuro, pero sin elegir dirección y perdiendo de vista el objetivo. Una vez más necesito encontrarme, necesito aprender a manejar este dolor, esta angustia que genera lo que no se puede cambiar, lo que tenés que llamar "realidad". Por más que no te guste, por más que parezca injusta.

sábado, 13 de agosto de 2016

Hay lugares a los que siempre uno vuelve, vuelve porque es inevitable por la simple condición de ser humano. Una vez más me siento perdida, aunque perderme significa, en realidad, encontrarme estancada en el mundo que habitan estas palabras. Los últimos días fueron muy grises, esos que intentás combatir con tu mejor sonrisa y con toda tu positividad, pero que no se logran sobrellevar, mientras se enredan hasta el punto en el que todo pierde total sentido. Y te desmoronás, perdés tu punto fijo, tu equilibrio y dejás de ser vos. Sos un ente extraño, que camina, que tiene tu voz y tu rostro, pero que no dice, hace, ni sonríe como vos lo harías. ¿A dónde estoy?¿A dónde me fui?¿Cómo regreso? No lográs salir del pozo, no lográs ver la luz, todo se vuelve pálido y opaco. Y te planteás que el problema quizá es que siempre pensaste que tendrías la capacidad de volar más alto, que quizá tus expectativas sobre vos misma siempre fueron muy altas y que en verdad no tenés capacidad alguna, que sos un fracaso y que vas a decepcionar a todos, a vos en primer lugar. Espero el rayo de luz, espero reencontrarme conmigo pronto, porque me necesito, necesito saber que puedo proponerme ser mejor, necesito saber que puedo avanzar, pero para eso primero requiero saber que soy alguien que puedo reconocer y modificar.

sábado, 8 de agosto de 2015

Creo que esta es la entrada 100. Cien veces son las que vine a este lugar a buscar consuelo, a intentar dejar las penas, a quejarme, a ordenar pensamientos, a decir aquello que no me atrevía. Hoy vengo una vez más a pensar en voz alta, a gritar lo que no puedo gritarle a nadie, porque me alejo sola, porque me escondo en mi caparazón, porque tengo miedo. Miedo de no poder con todo, de fallar en lo último que me falta. Miedo a intentar en los aspectos inexplorados de mi vida, a no ser capaz de sostener una salida, de ser simpática. Entonces me alejo, o más bien alejo a aquellos que quieren acercarse. Les pongo distancia, los trato como nunca los trataría si no fuera por mis propios miedos. Soy aquella que se interpone en mi propio camino, aquella que vive pendiente de los que la rodean, de que la quieran o no, de que le den una oportunidad. Porque no quiere no pertenecer al mundo. Y envidio, y me siento mal, porque no está bueno sentir envidia. Y no quiero que nada me importe, de verdad, no quiero. Quiero que las cosas fluyan, ser mi propio motor de felicidad y hacer felices a los que me rodean. No quiero alejar a más gente de la que me agrada, porque me gusta que esté en mi vida. Quiero tomar las riendas, sin pensar demasiado en lo que vendrá, porque tengo que confiar en mí, en la clase de persona que soy. Porque pase lo que pase voy a elegir no lastimar a nadie.

Dios, pongo todo en tus manos. Guíame por el camino, ayúdame a no perderme, a no fallar ahora.

sábado, 11 de julio de 2015

Hay días en que te duelen todos los desamores juntos.

miércoles, 3 de junio de 2015

Crisis. Hace un tiempo que se viene convocando a una marcha bajo la consigna de #NiUnaMenos. Comparto totalmente la idea original de la movilización y el reclamo, aunque creo que con el tiempo se agregaron tantas aristas que terminó tergiversándose un poco y separando más que uniendo. Más allá de eso, me preocupa que se haya vuelto una acción masiva pero carente de fondo. #NiUnaMenos tiene que ser una reflexión interna, un compromiso diario a impulsar y contribuir a generar un cambio. Sí, todos, hombres, mujeres y niños, salimos cotidianamente con miedo a la calle. Miedo a la violencia gratuita, a que te roben, a que te ultrajen. Pero todos sabemos que el miedo al ser mujer es mayor, porque hay situaciones a las que corrés el riesgo de tener que enfrentarte simplemente a causa de tu sexo biológico. No se necesita ser mujer para reconocer estos miedos, basta con que cada cual piense en una mujer que quiera y sea importante en su vida, su madre, su hija, su hermana, su novia, una amiga, para darse cuenta de qué miedos lo asaltan al pensar que anda sola. Los discursos son infinitos, ya sea por parte de particulares como así también de aquellos que ocupan cargos de poder, pero, ¿a caso la situación no amerita políticas de estado? ¿Es que acaso estamos sufriendo un mal que no es responsabilidad de nadie o lo es de todos por partes iguales? Todos tenemos que cambiar, mejorar y reflexionar nuestras actitudes diarias, las acciones que tomamos, las cosas que fomentamos, pero cada uno desde su lugar. Me preocupan los discursos y las adhesiones a la consigna por parte de aquellos que tienen el poder de sancionar leyes, de tomar medidas globales, de realizar campañas de concientización. Me preocupa porque me hace sentir que el reclamo quedó vacío, vacío porque aquellos a los que se quería llamar la atención se adhirieron, lavándose así las manos del asunto y "limpiando su conciencia". Esto no es un reclamo al poder judicial, es un reclamo al estado conformado por los 3 poderes, el legislativo y el ejecutivo no pueden pensar que no se les está hablando a ellos. Es un llamado de atención a todos y cada uno, para que pongan en orden las instituciones que a ellos responden, para que sancionen las leyes que nos protejan. Adhiéranse con acciones, no con palabras.